En este espacio cada estereotipo ciudadano tiene su lugar. No me voy a reír de ellos, sino con ellos y vos podes prestar tu risa

lunes, 18 de junio de 2012

DERECHO HUMANO NO ESCRITO


Hace unos días atrás recibo un mail que me invita a unirme a la celebración nacional del día del boludo. Considerándome un boludo de la primera hora –soy de los que ve un pedestal y se sube- me invadió la emoción al saber que podía juntarme en una celebración con otros como yo que andan por ahí sujetos al suelo gracias a esas dos grandes gónadas que nos sirven de contrapeso. Es más; fantaseé con una comunidad internacional (porque hay boludos en todas partes y de todas las lenguas) en donde pudiéramos intercambiar experiencias boludescas y hasta redactar un manifiesto del boludo que nos permitiera el reconocimiento de la autoridad como un grupo más de la diversidad cultural existente.
Pero no. Me decepcioné. En realidad es que es tan fuerte mi sentido de pertenencia, que fui un nabo esperando otra cosa.
Sucede que, cuando me adentro en el mundo virtual de la invitación, me encuentro con que la celebración está sectorizada a la política.
No es que no esté de acuerdo, al contrario (y viceversa); pero creí que la referencia grupal estaba dirigida a como nos tratamos de boludos en el día a día, los unos a los otros. Porque, digo, que el político o los gobiernos nos tomen para la chacota o nos traten de tarados, resulta una verdad de Perogrullo. Ellos no son extraterrestres que han sido insertados en el mundo para dirigir nuestros designios. No, muchachos y muchachas, son hombres y mujeres de carne y hueso como vos y como yo. Han nacido y se han criado en el mismo lugar donde he nacido y me he criado yo. Tal como a mí se me dio por escribir; al Hacha Giménez por el fútbol, al otro se le dio por la política.
Y este es el tema. Veamos un poco la cosa.
Entro a la zapatería. Dos empleadas charlando entre sí y yo dando vueltas por el local mirando los modelos de zapatos. Las chicas seguían hablando. Quince minutos; veinte; treinta minutos. Me estaba masajeando las piernas por el calambre que me había agarrado, cuando de pronto una señora que sale de un recinto interior, me dice: “necesita algún zapato, señor”. Tuve ganas de decir ¡No. Un kilo de tomate, necesito! (es obvio lo que uno puede pretender en una zapatería), pero me di vueltas y miré para todos lados buscando a alguien más. La miré con cara de incrédulo. “Si a usted le digo, ¿necesita zapatos?, insistió la señora. Perdón, señora, creí que el deseo de tener súper poderes que pedí cuando cumplí diez años se me había hecho realidad y ya era el hombre invisible hecho y derecho, porque hace treinta minutos que estoy esperando que me atiendan. Las chicas seguían hablando. ¿Ustedes creen que me pidió disculpas o que al menos hizo la pantomima de reprender a las empleadas? No. Me dijo que yo era un impaciente y me sentí un boludo por hacer una crítica chistosa, para no ofender.
Salí con mis zapatitos y entre en el kiosco de al lado para comprar cigarrillos que cuestan $ 4,75. Pagué con $ 5. “¿Le puedo dar caramelos por los veinticinco centavos?” Por favor, faltaba más, contesté. Y me di cuenta que sí, faltaba más; faltaba más de $ 1.000.000 en mi haber que desperdigué en mi vida de consumo frente a todo aquel que debía darme el vuelto (el taxista que te dice “Don le debo los veinte”; el supermercado que te obliga a donar, andá a saber para que fundación, los diez centavos que no tiene para devolverte; el comerciante que redondea para arriba; etc.) Entiendo que el cambio es un problema, pero no pagué con $ 100 –que también hay de esos clientes, ojo- ¿No sería bueno UN cambio y no ser yo el boludo que siempre pierde?
Lo único que me quedaba en mi itinerario de compras era pasar por la ferretería y adquirir una pala de nieve; es que vivo en una zona del planeta (Ushuaia) en donde suele ser muy común que nieve y por esos días había nevado. “¡Nooo!”, me dice el ferretero con expresión de asombro, algarabía y sarcasmo por mi pedido; “¡se vendieron todas!”; “¡y, con esta nevada, ¿Qué quiere usted?!” Eso quiero, una pala de nieve. Pero bueno, solo a un boludo como a mí se le puede ocurrir que la ferretería tenga stock de una herramienta tan indispensable en este lugar del mundo.
-Y, bueno -me dijo, resignado, un filósofo amigo al que suelo consultar porque vive cerca de mi casa-. Deberíamos exigir el reconocimiento de ese derecho humano no escrito y que por tal motivo no deja ser menos importante: “el derecho humano de mandar todo a la mier…(coles).”
Iniciando el camino de reivindicación que él sugería, hice uso del derecho que me acababa de argumentar y lo mandé ahí mismo.
Está bien que festejemos un día del boludo para que le resuene en la cara al político. Pero estaría mucho mejor que festejemos un mismo día contra todas esas actitudes de maltrato ciudadano que recibimos a diario.
Ojo, que el político que nos ofende en nuestra integridad cuando hace una defensa corporativa de sus pares, no fue antes ni más ni menos que esa señora que no se inmutó por mi espera de treinta minutos; aquel otro que es corrupto, que negocia su tajada no fue, sino antes, uno de esos conciudadanos que no me da el vuelto porque no tiene monedas; como tampoco puedo esperar que dé respuestas a las necesidades sociales, cuando fue un ferretero que no se preocupó por tener la herramienta tan necesaria.
Nos vemos la semana que viene, si antes no me mató algún político.


lunes, 11 de junio de 2012

CHARLA DE CAFÉ. QUINTA ENTREGA


Donde la humanidad tiene sus orígenes


El bar tiene ese no se qué. Tal vez sea el aroma del café recién molido. No lo sé, pero desde el bar se han escrito los mejores poemas de amor; se han tejido y destejido conspiraciones salvajes; se ha hilvanado correctamente la ostentosa prosa de la vida. Claro que, también, desde el café se han depurado matrimonios, dejando en la ruta del destino a esa parte del binomio matrimonial que no sabe de ideología suburbana.
Como el caso de Polo que llegó una tarde escandalosamente contento porque se quedaba solo en su casa por un viaje de su esposa que la ausentaría por una semana.
-Es una oportunidad única, dijo. Preparé un programa de actividades y se exactamente a que hora me voy a levantar; que tiempo voy a tardar en ducharme y acicalarme; cuanto en prepararme el desayuno…
-Ojo, lo interrumpió el Bocha. Mirá que no esfácil la vida de hogar.
-Nada que ver, Bochita. Tengo calculado el número total de horas que me va a llevar lavar los platos, hacer la limpieza, sacar a pasear al perro, ir de compras y cocinar. ¿Y sabés que? Te asombrarías del tiempo que te queda para hacer lo que quieras. No sé por que las mujeres hacen que el trabajo doméstico parezca tan complicado. Es organización, nada más.
-¿Si vos lo decís? Después no digas que no te avisamos, sostuvimos todos a coro.
El Profesor Autunez que hace años deambula su viudez le espetó: No es fácil, Polito. Ya te lo digo, el primer día está fenómeno, te sentís como un dios, hasta te sentás en el sofá y te fumás un habano antes de dormir. Después se complica.
Pasaron los días y cada siete se transformó en semana; después semana tras semana dieron lugar a un mes. Polo había desaparecido. Ni en su casa estaba. Esto lo supusimos cuando su esposa nos cortó abruptamente el teléfono al preguntar por él. Iniciamos una búsqueda intensiva hasta que dimos con él en una mugrosa pensión de un barrio de la zona oeste. Daba lástima, era una piltrafa de cuerpo y alma. Repuesto, nos sentamos todos de nuevo alrededor de la mesa de café.
-Soy un tarado, ustedes tenían razón, se lamentó entre sollozos. Ahora me doy cuenta de que nunca hubiera tenido que dejar marchar a mi mujer tanto tiempo. Bueno, mi ex mujer. Mi vida ha dejado de tener sentido.
-¡¿Cómo tu ex mujer?!, gritó el Manco Gómez.
-Sí, me echó. El lunes, cuando se fue, todo era maravilla para el perro y para mí. Ya el martes empezaron algunos problemitas. Me di cuenta que si todas las mañanas iba a exprimir jugo de naranja, iba a tener un elemento más para lavar. Así que decidí lavar una vez y preparé jugo para toda la semana. Y eso me llevó a otra genialidad: si las salchichas se cocinan en agua, no hay diferencia con cocinarlas en la misma sopa. De esa manera ahorro una cacerola para lavar. El tiempo es oro, muchachos. Tampoco iba a pasar la aspiradora todos los días.
-No, seguro, dije yo.
-Empecé a creer que los quehaceres domestico llevan más tiempo del que me había imaginado y reconsideré mi estrategia. El primer paso fue comprar comida de la rotisería y así no perdía tanto tiempo cocinando. Si todas las noches uno se acuesta para levantarse a la mañana siguiente, para que hacer la cama todos los días. Es una tarea sin sentido. Eso sí, muchachos, la naranja exprimida se consume en el momento porque se pudre y el jueves casi no cuento el cuento. Decidí comprar Cepita y comida para el perro, porque si yo no me cocino, no le voy a cocinar a él. Lo importante es todo lo que se aprende cuando uno está solo. Los platos, para que lavarlos en cada comida si hay varios en la casa, si usás uno para cada comida ahorrás en detergente y consumo de agua. Si le atas un trapo en la cola al perro, cuando este la mueve limpia los muebles; las salchichas saben bien por la mañana, desmerecen en la comida y son insufribles en la cena, pero más de dos días seguidos puede causar nauseas y la sopa se puede tomar directamente de la olla. Fue entonces cuando tuve una epifanía, una revelación celestial: puse los platos, las cacerolas, vasos, etc. en el piso de la cocina y los magueríe, así mataba dos pájaros de un tiro; trastos y piso limpios. No entiendo porque estas crustis dicen que no les alcanza el tiempo.
-Eso de la manguera es bárbaro, dijo el Bocha.
-No creas, Bocha, no creas. Es un fracaso. La cocina huele a moho y supongo que los armarios se empezaran a pudrir en poco tiempo. El suelo está lleno de los restos de comida que había en los platos y se empezaron a pegar al suelo. Fue peor. Para colmo me llama mi mujer (bueno mi ex) y me pregunta si había limpiado las ventanas y la ropa. Yo solté una carcajada histérica y le dije que no tenía tiempo para esas cosas y que tampoco era su esclavo. Que qué pensaba ella, entre preparar la comida y hacerle algo de comer al perro, sacarlo a pasear, lavar los platos, lavar la ropa y arreglar la casa, ir de compras. No estoy al pedo todo el día.
Fue entonces cuando me di cuenta que ellamuchas veces me decía todo eso a mí…pero ya era tarde. Volvió hecha una furia, los ojos encendidos y solo me dijo: ¿Viste? Yo tampoco estoy al pedo, mientras ponía mi ropa en la calle.

lunes, 4 de junio de 2012

LA AUTOGESTIÓN SEXUAL


De todos los modelos de autogestión promovidos, a mí entender, se ha dejado afuera el más importante: la autogestión sexual. 
Un rasgo común de los nuevos movimientos sociales es el impulso que brindan al desarrollo de emprendimientos autogestionados. Inicialmente concebidos como una respuesta espontánea a la crisis, esos emprendimientos autogestionados sostienen hoy la utopía de un desarrollo económico alternativo al del mercado capitalista.

Ahora bien, de todos los modelos de autogestión promovidos, a mí entender, se ha dejado afuera el más importante: la autogestión sexual.
Sin dudas el neoliberalismo con su entronización del mercado como única realidad posible, ha calado muy hondo en nuestro ser y, quién más quién menos, aún no puede despojarse de esa estirpe de José Paganini promovida por la gran oferta del tipo amatorio que uno desee. Sin embargo, no todo es un simple materialismo; un intercambio de vil metal por apenas unas horas de pasión; hubo desarrollo intelectual también: por ejemplo la ya clásica teoría diferenciadora entre puta y prostituta basada en el merceranismo amatorio de la segunda como forma de trabajo superadora de una necesidad y el simple gusto del goce de la primera como forma de ascender socialmente.
Tampoco se puede desconocer que nosotros, los hombres, también hemos incursionado en esa actividad económica organizando entregas a domicilio de nuestra flecha cupidesca, allanándonos a la nueva realidad de igualdad de género.
Hoy la cosa es diferente. La economía social como economía alternativa al mercado capitalista nos abrió la posibilidad de autogestionarnos en todo, incluso en lo sexual. No obstante sigue habiendo ciertos tabúes que deben ser desterrados para acelerar el desarrollo de este nuevo modelo amatorio, que puede ser, porque no, superador de varios de los existentes.
La autogestión sexual es el marco necesario para la libertad de la libido. Partiendo de este concepto se nos abren infinidad de aspectos positivo de esta autogestión y así aceptar que, aquel que lo desee, por insatisfacción, necesidad o alternativa, pueda masturbarse sin culpa, censura, castigos ni temores. Además, esta práctica individual promueve, sostiene y desarrolla la imaginación, tan necesaria en un mundo alienado como el actual. Quién podrá negar que a través de su autogestión no haya llevado al extremo su imaginación, ideando cual director de cine porno, escenas lujuriosas y atrevidas con la vecina del 4° C o con la compañera de trabajo que luce escotes infartantes.
Entonces no está mal que en esta era donde el mismo Estado impulsa, avala y hasta subsidia emprendimientos de autogestión, se le dé un marco legal a la autogestión sexual. Y el marco legal existe; habría que explotarlo sin culpas. La mayoría de los países cuenta con una ley de Educación Sexual Integral, cuyos objetivos, en general, siempre prevén "brindar conocimientos y promover valores que fortalezcan la formación integral de una sexualidad responsable". No estaría, entonces, de más que en los programas de educación sexual se incluyera un capítulo destinado a la masturbación y otras formas de expresión sexual. Sería una manera más de preparar al adolescente para una vida sexual plena y responsable. Por ejemplo, sabemos que los varones, con o sin culpa, nos hemos autogestionado sexualmente mucho más que las mujeres, a quienesculturalmente se le ha reprimido e inhibido esta posibilidad, y resulta que aquellas mujeres que padecen anorgasmia, en sus antecedentes sexuales no registran el haberse masturbado, lo que permite avizorar una falta de permiso para explorarse y reconocerse genitalmente y esto se liga con la dificultad de llegar al orgasmo.
Desde que nacemos somos seres sexuales porque respondemos a pulsiones, a una necesidad de reconocimiento corporal o de satisfacción del deseo a través de caricias en los genitales. Sin embargo entre nuestros educadores esto sigue siendo tabú y están quienes piensan que esta actividad en los pequeños debería reprimirse con un castigo.
Cabe aclarar que una práctica ininterrumpida de esta actividad me ha demostrado la falacia con la que me corrían de pequeño: “Si te hacés la paja te vas a quedar ciego, impotente, pelado, te van a crecer pelos en la mano o vas a tener más pecas, se te van a secar los testículos o se te va a  caer el clítoris”.
Resumiendo: la autogestión sexual nos acompaña hasta nuestros últimos días y se trata de una práctica íntima, privada, que puede asociarse o no con la relación que se tenga con los otros. Es una manera de mantener activo el erotismo y muchas personas recurren a esta práctica en momentos donde no pueden, por circunstancias especiales, tener relaciones sexuales con sus pares; por insatisfacción; por soledad o como una variante más en el infinito marco de posibilidades que permite el encuentro amoroso.
Creo que quienes se han masturbado y no nos han dicho nada son nuestroseducadores sexuales. Lo digo porque veo que se han quedado ciegos y no ven que la masturbación es algo positivo; por el contrario, al no hablar de ella, la siguen reprimiendo.
Hasta la próxima.

lunes, 28 de mayo de 2012

GRANDES ACTORES DE LA SOCIEDAD IV

Hoy: Ezequiel Nabón



La historia tiene personajes que nos ilustran y nos sirven de ejemplo.
Como siempre decimos hasta el cansancio y como nunca nos vamos a cansar, por eso vamos a seguir diciéndolo, esta Columna no sesga en el intento de rescatar a aquellos pro hombres que la historia oficial se encarga de dejar en el anonimato. 
Hoy les voy a contar la vida de Ezequiel Nabón, el hombre que despertó y no supo quién era; o no despertó nunca y siempre fue lo que fue; o era quién era aún despierto. Nunca se sabrá.
Ya de muy temprana edad este muchacho mostró ese perfil característico que lo acompañaría de por vida. Sus compañeros de escuela secundaria sabían que podían contar con él para lo que quisieran; siempre y cuando lo que quisieran representara el accionar de la mayoría o al menos del grupo dominante. Seguir los impulsos de la masa estudiantil, aunque en su fuero íntimo no estuviera de acuerdo, en él era una actitud de vida para no quedar del lado de los nerds.
“Si lo dicen todos, debe ser verdad”, siempre se excusaba Eze Nabón, como lo llamaban en su entorno.
Recuerdo en este momento una arenga contra el Director de la escuela que sería un punto de inflexión en su destino. Bien sabido es que, quién se precie de estudiante rebelde, debe estar siempre en contra de las autoridades escolares y Eze Nabón no podía ser menos; así que mezclado entre el grupo y exaltado por sus colegas de estudio, en medio de un acto protocolar, alzó la voz gritándole al Director: “Callate, caracol”, sin saber porqué (tiempo después supo que era por eso de ser arrastrado, baboso y cornudo). Le valió la expulsión del secundario y su destino de trota mundo.
En realidad y a fuerza de ser sincero, más que trotar el mundo debió correr y por las calles de su ciudad para alcanzar la vida que se le escapaba.
Su destino de sombra estaba echado.
Deambulando casi cual fantasma, pasando desapercibido aunque siempre inmerso en la multitud, se entregó de lleno al consumo de los medios masivos de comunicación, absorbiendo cuanta noticia –sin preocuparse por su procesamiento- le fuera puesta en frente, cuanta publicidad de panacea le ofrecieran o viviendo grandes “sueños” ajenos que de a poco los fue creyendo propios. Y a base de bombardeo y repetición de imágenes de videoclips fue construyendo su realidad en el sentido y la forma que le decían debía hacerlo.
Aquella personalidad maleable que incipientemente se avizoraba en la secundaria, Eze se encargó de desarrollarla en su adultez. 
Según el célebre historiador Yamal Averigüé, miembro en jefe de la Comisión por el Rescate y el Recuerdo de los Olvidados (la CRRO, por su sigla en castellano), dependiente de la Universidad Ecléctica de Bombal, pudo determinar por pura intuición –ya que no se cuentan con datos fehacientes- que Nabón sufrió un shock a consecuencia de un fuerte golpe ocasionado por un cúmulo de ideas totalmente ajenas a él, que lo direccionó a pensar, qué pensar y a perder todo análisis y pensamiento propio. Esto último es lo que, según el historiador Yamal Averigüé, lo llevó a profundizar la investigación de este personaje: la pérdida del habla, no por quedarse mudo, sino la pérdida como acto individual de ejercicio del lenguaje al seleccionar los signos que ofrece la lengua como articulación de un razonamiento previo, para transformarse en repetición loresca de un discurso ajeno.  
El estudio de la vida de Eze Nabón dio como resultado el descubrimiento de un patrón: “el homo cotorrus”, que hoy se puede observar en infinidad de personas con las cuales nos cruzamos a diario. Son sujetos sin un mínimo de opinión propia, que solo repiten opiniones ajenas; incapaces de diferenciar cuáles son sus sentimientos propios y cuales los que les han impuesto; sujetos que se conducen homogéneamente y que consumen porque la publicidad lo dice.
Sujetos que, al fin, dejaron de ser sujetos para ser predicados.
Si usted conoce algún “homo cotorrus” me avisa; por ahora, yo me voy a ver la TV que me distrae.

lunes, 21 de mayo de 2012

DE QUE LADO DEL DISPARO ESTÁS

Y no creo que haya ni absolutos, ni relativos; simplemente creo que hay puntos de vista distintos que dependen de que lado del disparo estás. Cuando estás detrás del arma, sos el asesino y si estás delante, sos el asesinado. En todo caso, siempre fuiste vos.


No hay nada absoluto, dice un viejo amigo (viejo por la pila de años que nos conocemos, pero fundamentalmente por su avanzada edad), todo es relativo; convirtiendo, así, la relatividad en un nuevo absoluto.
Hace poco tiempo atrás se armó un revuelo bárbaro en el barrio. Resulta que en una casa de la esquina vivía una familia (eran como 30 entre hombres y mujeres) comandada por una mujer mayor. A los vecinos les llamaba la atención que por las noches concurrían diferentes hombres a visitar a las mujeres de la casa y se iban a la mañana siguiente. Indagando en el tema, descubrieron que varios de los menores que vivían en esa casa eran hijos de alguno de los hombres nocturnos. Indignados (no como los grupos de europeos que tienen un verdadero fundamento para indignarse) hicieron la denuncia y todos los miembros de la familia fueron presos: algunos acusados de trata, otros por ejercicio de la prostitución y los hijos fueron despojados de sus madres por promiscuidad y entregados a un hogar estatal.

La tradición más famosa y enigmática (para nosotros) de los mossuo (una de las 55 minorías étnica que conforman el 10% de la población total china y que habita al sur de ese país a pocos kilómetros del Tíbet) es la del llamado “matrimonio andante”. En esta comunidad se vive en la casa matriarcal y es en las mujeres en las que reside todo el poder social, teniendo incluso la libertad de elegir a sus “axia” (amantes o también llamado visitante nocturno), quienes serán padres si su semillita dio fruto pero no tendrán derechos sobre sus hijos.

Resulta que cuando se estaban llevando preso a los miembros de la familia de la esquina del barrio, una mujer mossuo que pasaba por ahí muy perpleja me manifestó que no entendía por qué tanto escándalo. Y agregó que a sus ojos, nosotros les resultábamos muy primitivos.

Pensaba en quién tenía la razón, si los vecinos que hicieron la denuncia o la mujer mossuo que no nos entiende, cuando me sacude de mis pensamientos Juan José Enigma y me dice Golber, le dejo uno de los míos: ¿se puede decir que hay condenas de muerte más humanas que otras? ¿Qué diferencia existe para el muerto y sus deudos entre una inyección letal o la silla eléctrica, con un ahorcamiento o fusilamiento? Que estas últimas dos formas de matar, hoy son rudimentarias a la par de las otras dos y, por ende, propias de sociedades incivilizadas.

Sacudí la cabeza y volví sobre el título de esta entrada y realmente todo depende del lado del disparo en el que nos pongamos; porque les cuento, hubo una vez que disparé y di en el blanco y todo fue revolución y las cosas cambiaron. Pero hubo otra vez en que fallé el blanco y fui mucho tiempo preso por sedicioso. Un simple yerro de disparo te coloca de un lado o del otro de la línea y la sangre te puede manchar y si no fíjense en Obama (o era Osama? Suenan muy parecido), el no se mancha de sangre porque está de este lado de la línea (el otro si se manchó de sangre, peyorativa y literalmente hablando).

Cuando juzgamos al otro, lo hacemos desde nuestra propia mirada y por una lógica perspectiva de la visión seguramente que ese otro va a estar equivocado. Entonces, el poder hegemónico nos vende el concepto de multiculturalismo como una aceptación democrática de las diferencias.

Debemos dejar la posición que adoptemos en el disparo para empezar a vernos de manera horizontal, y esto no es acostarnos todos en el piso y mirarnos; esto es, aceptar las singularidades no ya como opuestas sino como yuxtapuestas en una tarea común, en donde el otro, aunque piense u obre de diverso modo que yo, comparte conmigo la ardua tarea de construirnos como semejantes.

Debemos reconocer al Prójimo no ya como el otro a uno mismo, sino como aquel por el cual nosotros somos el uno mismo.

Me puse muy serio en esta entrada. Perdón. La próxima va a ser más divertida.

lunes, 14 de mayo de 2012

IGUALDAD DE GÉNERO

Siempre consideré que el hombre es hombre y se construye como hombre a base de sus derrotas. Cuantas más derrotas tengamos, más hemos vivido. Y para la mujer, en tiempos de igualdad, ¿no tendría que ser lo mismo?
Porque digo esto, porque hasta ahora pensaba que la peor frase que te puede decir una mujer es "Tenemos que hablar..." Se te frunce hasta el último pelo. Pero no, veo que la peor frase que te pueden decir es: "yo también te quiero... pero solo como amigo". Ahí te mató. Te pegó un tiro en el medio de la frente y te condenó a una vida de humillación.
Si no, fíjense lo que le pasó a un amigo. Este muchacho está –calculo ahora que estaba- perdidamente enamorado de Catalina (reconozco: una linda mujer y muy dulce, muy tierna).
-¿Qué hice mal, Golber? Íbamos al cine, nos hemos reído, hemos pasado horas tomando café, charlando ¿A partir de qué café nos hicimos amigos, Golber? ¿Del quinto? ¿Del sexto? Porqué no me avisó. Un café menos y ahora me estaría acostando con ella. No descarto el ser amigo; la amistad es un don increíble. ¿Pero de una mujer? Si para ellas un amigo se rige por las mismas normas que un tampón: puedes ir a la pileta con él, montar a caballo, bailar. Lo único que no puedes hacer con él es tener relaciones sexuales.
– Bueno, no es para tanto. Para ella significa que eres el más simpático del mundo, el que mejor la escucha, el más macanudo. No se va a acostar con vos; lo va a hacer con un impresentable que cuando la cague, seguro te va a llamar a vos para pedirte consejo; le dije.
- No me ayude, Golber. En algún memento me equivoqué. Yo quería sexo con ella y el ser su amigo consiste en arruinarme mi vida sexual. ¿Qué hará, entonces, con sus enemigos? A mí me parece muy bien que seamos amigos, lo que no entiendo es donde está escrito que amigos no puedan tener sexo. Está bien; como amigo puedo usar la técnica del gusano miserable y sacarle mano o tirarle abajo todo tipo que conozca, ya que confía en mí y soy palabra autorizada para decirle este te conviene, este no (en realidad voy a decirle que ninguno le conviene). ¿Pero por qué tengo que llegar a humillarme cada vez más? No es justo, Golber. A parte nosotros no andamos por la vida diciendo que son todas unas hdp porque Catalina me quiere solo como amigo.
- No entiendo eso, amigo, explíquese.
– Sencillo. El otro día viene Catalina llorando y me dice: Marcelo es un hdp. Todos los hombres son unos hdp; bueno, vos no, vos sos distinto, sos mi amigo; pero todos los hombres son iguales. Me engañó. Lo único que quería era acostarse conmigo. Una vez que lo logró, desapareció. Lo único que tienen en la cabeza es sexo. No piensan en nuestros sentimientos.
Y me quedé pensando en los sentimientos de mí amigo, que también quería sexo como Marcelo y como Catalina.
El intercambio necesario de fluidos genitales, acompañados de pasión y deseo, es el aspecto más maravilloso de nuestras vidas. Es ese punto mágico donde dejamos de ser lo que somos y nos entregamos irracionalmente al instante.
Catalina quiere ese momento mágico con Marcelo. Lo tiene, pero Marcelo después desaparece y todos los hombres pasamos a ser hdp.
Catalina no quiere ese momento mágico con mi amigo. Por obra y gracia de las palabras, lo convierte en su amigo. Y a ninguno de nosotros se nos ocurre decir que por Catalina son todas unas hdp.
Los sentimientos de Catalina y de mi amigo se vieron, ambos, mancillados. En tiempo de igualdad de género es hora de que las mujeres se construyan a base de sus derrotas, también.
Un beso en la frente y espero debate.


lunes, 7 de mayo de 2012

CHARLAS DE CAFÉ. CUARTA ENTREGA



Cuando llegué al Café, la discusión había empezado y discurría por caminos que los partisanos suelen recorrer con holgura.
-Siéntese, Golber y escuche; me gritó el Tordo Martorello sin antes haber contradicho lo que acababa de decir Aureliano. Me sumé a la charla en silencio (muchas veces la mejor forma de compartir un café es escuchando a los demás).
-No es así, decía Martorello. Usted, Aureliano, no puede desconocer que el mundo está al amparo de la publicidad y el consumismo más irresponsables. Los grandes grupos económicos extienden sus tentáculos hasta el último rincón del planeta, abarcando todos los ámbitos de las actividades humanas. Y si no, mire la televisión, el gran instrumento idiotizador de nuestra era, la gran lavadora de cerebros; plataforma perfecta para la ofensiva publicitaria.
-Y por otro lado, agregó Polo, la miseria convive con la alta tecnología y los grandes avances científicos con la progresiva escasez de los recursos más vitales.
-Eso es verdad, dije yo.
-No interrumpa y escuche, soltó Polo. Tenemos a nuestro alcance toda clase de artefactos electrónicos, diseñados para facilitarnos el trabajo o el entretenimiento; pero las cosas realmente esenciales, como una vivienda digna, alimentos sanos y naturales o una atención sanitaria de calidad resultan cada día menos asequibles para el común de los mortales, que por esas paradojas de la vida constituyen el mayor porcentaje de población. La explotación desmedida de los recursos naturales aparece como la culpable de la miseria y la pobreza que se extiende por todo el planeta.
Es que si uno se pone a pensar, los gobiernos y las empresas nos ven no como individuos dotados de libre albedrío, si no como simples consumidores. Hasta los programas de los partidos políticos en tiempo de elecciones se venden como un producto más, surgido de una cadena de montaje. Los gurús del marketing continúan diseñando estrategias, para convencernos de que el camino de la felicidad pasa por los grandes almacenes y los centros comerciales.
-Otra paradoja, agregó el Tordo al que nunca había visto tan comprometido con el discurso. Gozamos del nivel de riqueza material más alto de nuestra historia, pero nuestra calidad de vida se degrada a marchas forzadas. Bosques, selvas y océanos son esquilmados sin misericordia para seguir alimentando industrias obsoletas, cuando no completamente innecesarias. La población aumenta sin freno, las ciudades crecen más de lo razonable y se urbanizan sin control amplias zonas naturales, muchas de ellas vitales para el sostenimiento del equilibrio ecológico. La contaminación se dispara y las reservas de agua potable disminuyen. Pero nos preocupa más ganar el suficiente dinero para comprarnos la última TV salida al mercado, que los vertidos tóxicos en un río; adquirir el último disco del grupito de moda, que la desaparición diaria de una superficie de selva tropical equivalente a cinco campos de fútbol.
-Las multinacionales, auténticos gobiernos en la sombra son omnímodas, disparó Polo, y los gobiernos nacionales aparecen como apéndices secundarios de las grandes corporaciones, que son las que de verdad manejan el mundo. El planeta ha sido dividido a fin de aprovechar más eficientemente sus recursos que, dicho sea de paso, son cada vez más escasos a causa de la sobre explotación a la que han sido sometidos sin tregua durante décadas. En esta Tierra super poblada coexisten la ostentación y el lujo con la miseria y la degeneración; la técnica más avanzada, con la más apremiante carencia de materias primas. Se viaja en fabulosos vehículos de alta gama y tecnología; pero los combustibles fósiles están casi totalmente agotados. Los niveles de contaminación son altos y la deforestación ha alcanzado cotas inimaginables. Y no me diga que no, Aureliano.
-No digo que no, trató de defenderse Aureliano. Tampoco pueden desconocer que brilla una tenue luz de esperanza: los ecologistas, las únicas personas sensatas en esta sociedad de consumo que ustedes acaban de definir. Estos no aspiran sólo a destruir el sistema, sino también a concientizar a la gente acerca de la necesidad de tomar medidas drásticas para asegurar la supervivencia de la vida sobre la Tierra; como por ejemplo: limitación del crecimiento de la población, puesta en marcha de programas de reforestación y recuperación de los suelos, y descentralización de los núcleos urbanos. Pero por sobre todo, en acabar de una vez con la producción de artefactos de consumo, inútiles y por tanto innecesarios, para los que no existe demanda natural y en cuya fabricación se malgastan ingentes cantidades de valiosísimas materias primas.
-Bravo, bravo, grité. Es la primera vez que los escucho comprometido con el discurso. Un análisis perfecto de nuestra realidad.
-Má qué compromiso ni análisis, Golber. Nos tomamos la libertad de recrear el mundo de la novela de ciencia ficción Los mercaderes del espacio de Frederik Pohl y Cyril M. Kornbluth, escrita en 1953 y considerada una de las obras cumbres de la novela distópica.
La distopía, término acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill, de uso frecuente y corriente aunque no incluido en el Diccionario de la Real Academia Española, refiere a la utopía negativa donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad ideal. Los textos basados en distopías surgen como obras de advertencia y guardan relación con la época y con el contexto socio-político en que se escriben.
Las utopías de hoy serán las realidades de mañana.
Las distopías de ayer ¿son nuestra realidad?
Nos vemos.